Escrito un 25 de marzo del 2010. A las nueve de la mañana.
Aclaración: Los hechos y/o personajes de este texto son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Él creía que la vida no era más que caer y levantarse. Que su suerte dependía de las señales de la vida, del mismo destino que lo alejaba cada vez más de eso a lo que llaman "el amor de tu vida".
Ella todavía no creía en el amor y se dedicaba a confundir compañía con algo que iba más allá de los ojos.
Se tomaba el tiempo necesario para arreglar sus uñas; pero no su pelo, y lograba sonreír cada vez que encontraba algún retaso de tela para su colección.
En cambio, él nunca pudo llevar a cabo la función de una agenda -ni acordarse de sus fechas-. Nunca usaba perfume, porque creía que con el olor de su piel limpia bastaba.
Ella tenía un gato al que nunca le dio un nombre (aunque sabía que era su única compañía fehaciente).
Irónicamente, lo único que los mantenía unidos eran sus ojos color marrón, aunque sus miradas no dijeran lo mismo.
Pero los dos sabían, en lo profundo sabían, que aunque todo los separara, aunque sus personalidades fueran totalmente opuestas, ni la muerte iba a alcanzar para romper ese amor, esa esencia, esa fuerza que los hacía vivir: el uno por el otro.
miércoles, 28 de abril de 2010
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